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A nullo videbatur, ipse autem omnia videbat.
By Marius
Recent Letters 

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14th-Sep-2009 12:59 am - San Petersburgo
Escuchar el lamento de un violín como ése, sentir las notas acariciar mi espalda y traspasarme lentamente  hasta recorrer todos los huesos de mi columna fue, sin duda, mucho más que simple complacencia. Más bien, fue un acto de complicidad casi demoníaca.

Podría hablaros de las mujeres que he contemplado, de aquellas que, por mi sangre o por mi mente, las he convertido en mi objeto de presa; aquellas que corrompidas por el encanto, se vuelven en jóvenes consortes por una noche, su última noche. Pero ésta vez quiero hablaros de la portadora de éste violín. De una mujer virtuosa, de una doncella que, enmarcada en sus dulces formas, pude contemplar un otoño de la ahora llamada ciudad de San Petersburgo, en 1987. Siempre he evitado visitar aquella ciudad durante el verano, pues como sabréis, es portadora de las exquisitas “noches blancas”, en donde un sol de media noche se hace dueño y señor de las estrellas para opacarlas, y opacar también mi hambre sobrenatural con su luz reveladora. Pero, volviendo al punto, me encontraba ya en las afueras del Teatro Marrinsky. Había presenciado una excelentísima obra, el llamado poema sinfónico de C. Franck nombrado “Le chasseur Maudit” en una interpretación más moderna. Como podréis imaginar, mis sentidos estaban muy sensibles luego de haber oído aquella y otras obras musicales de distintos compositores como Wagner, Tchaikovsky entre otros que hicieron el preludio respectivo; el precalentamiento, como podría decirse.

Quizá sólo Amadeo podría haberse comparado con aquella belleza infantil, y con esa mirada suspicaz enmascarada en sus ojos profundamente ámbares. Busqué su nombre en aquella mirada, y en efecto, respondió con una mentira. Sonreí complacido, y me abstuve de, simplemente, ser parte del círculo que la rodeaba para oír su música. Interpretaba un hermoso capriccio, el cual me pareció mucho más sensual y romántico que cualquiera de las piezas musicales que hubiese escuchado ya hace unos minutos al salir del Marrinsky. Sus ojos se posaron en mí, y una sonrisa se alojó en el sonrosado capullo que era su boca. No puedo deciros que no me contenté con aquella expresión; no puedo deciros que la excitación de la sangre no hizo presa de mi persona. Pero puedo deciros que escuché sus palabras como un susurro de las hojas otoñales. Mientras tocaba, recitaba un poema conocido desde su más tierna infancia.

«
[…]

Duerme. Duerme, duerme, duerme.
Borra con sus suspiros la noche minúscula, invisible.

No sufre ni frío ni calor.
Su prisionero se ha evadido para dormir
No está muerto, duerme.

Mientras dormía
Todo lo asombraba,
Jugaba ardorosamente,
Miraba,
Oía.»

Yo conocía aquel poema.

Me sentí totalmente hundido en sus pensamientos, mas el simple hecho de escudriñar su mente me pareció la violación más imperdonable que pudiese realizar. En un instante la amaba, y deseaba de ella su muerte en mis manos. Aún así, también deseaba seguir sintiendo su música, escucharla más allá de los mismos sentidos; no podría haber interrumpido aquella ensoñación que refería a su niñez en la extraña Alemania de aquel entonces.

El murmullo de la gente que se aglomeraba para oírla era, en efecto, la sazón que correspondía a aquella actuación tan perfectamente vívida e irreal, a su vez. El Marrinsky parecía entonces sólo un adorno a espaldas de Ania. Sí, su nombre era Ania, y el ardor de sus ojos comenzaba a cegarle a momentos por el dulcísimo cansancio de aquel cuerpo mortalmente exhausto.

Luego de ya terminada su pieza, y haber proseguido con unas tres más, esperó a que los billetes y los aplausos de las personas llenaran el estuche de su violín depositado en el suelo, pero ella sentía mayor placer en los aplausos que en el dinero recopilado en el lúgubre ataúd de su instrumento. Ya lista para retirarse, me acerqué para darle las muy merecidas felicitaciones, a las que correspondió con aquella misma sonrisa jovial, dulce. Rodeé su hombro con mi brazo, tan cuidadosamente como me permitía mi cuerpo de mármol, duro y casi aplastante. Su confianza era excesiva, y la sangre le arrebolaba las mejillas pálidas en una intensidad muy parecida a la excitación.

La llevé a sus aposentos en calidad de guardián, del caballero que la había descubierto en propósito de ser su mecenas. Existía en ella un afán consolador, una airosa magnificencia de emperatriz que marcaba cruelmente sus facciones aún infantiles. Los bucles dorados en aquel cabello extenso, frondoso, parecían ser una decoración más en torno a la belleza que le caracterizaba, y la crueldad misma de la entonación de sus palabras era elixir; el sustento de cualquier caballero de mi compostura.

Intenté en un abrazo, el pequeño trago. Luego la besé, besé sus hombros y cuanto más pude en aquel escote de su desgarradora figura. Al posarse mis manos más allá de su diminuta cintura, me condujo hasta su litera, y allí postrada cual reina, dejó que sus ropas sirvieran como un simple manto más en su lecho. Ah, su cuerpo armonioso era cual ensoñación, cual delirio guardado en la mismísima caja de Pandora. Volví a cubrirla de besos hasta lo más íntimo. Volví a devorarla en la degustación más sublime que cualquier hombre pudiese realizar.

Pero mi excitación no menguaba en ése punto.
Mis dedos, alojados en su intimidad, la nutrieron del más exquisito tormento que hubiese deseado. Y mi boca igualmente insaciable, humedeció el lugar que sería el alojo de estos tan afilados y diminutos colmillos. Escuchaba sus gemidos, y a la vez, aquel corazón que sin límite alguno se suspendía entre sus propias profundidades y comenzaba a decaer con fiereza hasta parecerse mucho al mío y, finalmente, despedirse milagrosamente en un sueño de nunca jamás.

Dejé a Ania postrada en el lecho. Vestí su cuerpo cuidadosamente del mismo ropaje con el que la había conocido. Deposité su violín desprovisto del estuche sobre su pecho, y como una Ophelia, durmió eternamente en la suave litera hasta ser encontrada a la mañana siguiente.

Como veis, éste fue sin duda un capricho saciado. El arrepentimiento en cuanto a mis maldades, a mi propia naturaleza no cabe en esta historia, ni en ninguna otra. Y por consiguiente, la libido es sin lugar a dudas, un aspecto pecaminoso que necesita ser cuidadosamente saciado, en el más estricto de los sentidos.

El lamento de su violín aún resuena en mis oídos.
 

Marius

5th-Aug-2009 08:41 pm - Estadía
Mi regreso es incuestionable. Seguiré aquí, todo el tiempo que se me facilite, pero de momento, estaré ocupado en algunos otros asuntos, por lo que se me hará complicado acompañaros más allá de estas letras. Indudablemente estaré presente en nuestro regreso, el regreso de Los Inmortales, y me quedaré con y para ustedes, si es posible, eternamente.

Saludos afectuosos, 

Marius
18th-Jul-2009 11:36 pm - Les soy sincero
No fue la intención de éste, vuestro eterno servidor, el dejar de lado la vanidosa escritura que suelo plasmar ávidamente para deleitar a quienes gustan de mi presencia, ni mucho menos desaparecerme sin aviso alguno de la vida de quienes también gustan hablarme por éste tan cómodo medio de redes electrónicas interactivas; mi viaje fue, y es, totalmente un hecho impulsivo y motivado por la calidez de la sangre humana. No deseo, con estas escuálidas palabras, refugiarme en el ocaso de una excusa sin sentido, ni mucho menos indeseada; quiero, en mi absoluta humildad, pediros las disculpas correspondientes a mis irresponsables actos.

Por otra parte y como creo no haber mencionado, sigo en una travesía totalmente hedonista, de la cual no deseo dar mayor información que ésta: Os amo, y espero veros lo más pronto posible.

Sinceramente,

Marius

 
27th-Jun-2009 11:46 am - Redención
Mis pisadas resonaban en la nieve, en un murmullo sereno, ininteligible a cualquier oído, pero no al mío; indicaban el aspecto del mundo bajo mis pies, el mismísimo sentimiento de quien ahora yo seguía. Aquel ser había pasado por aquella calle desolada, hace más de una hora. Pero su aroma, el aroma de su sangre no podía engañar a mis sentidos que ansiaban devorar cada atisbo de su intelecto maltratado, perturbado por sus lamentables experiencias.

Mis cabellos comenzaban a caerme por el rostro, comenzaban a acariciarme la piel gélida, dura como el mismísimo mármol. Propiné una sonrisa a quien osaba mirarme, a quien osaba intentar descifrarme, y les confundía luego con el don de la mente, para que simplemente, sus intentos se convirtieran en el deseo de la seducción más impasible que pudiesen sentir.

Otra vez, mis sentidos podían captar el calor de aquella piel impregnada en un dulce aroma a licores, frutos añejos, y un extraño perfume moderno… sutil y poco conveniente a su estado. Le llamé, le llamé una y otra vez. E intentaba contestar a mis llamados, pero su ebriedad, su falta de cordura hacían que desvariara en su intento de conservar la lógica que tanto le caracterizaba, que tanto amaba y le condenaba.
La palabra “incomprendido” resonaba en las cavidades de su cabeza, rebotaba hacia su pecho y desembocaba en su corazón magullado y roto.

Su ser me llevó a una cantina aislada, alejada de todo tránsito en un callejón cerrado de aquella ciudad. Abrí la puerta gentilmente, y el calor de aquel establecimiento me reconfortó de manera sublime. El espectro de su ser se encontraba cerca. Aquel muchacho al que había logrado hablarle noche tras noche, estaba solo, alejado de todo aquel que bebiera febril en la barra y balbuceara su escuálida vida a otros. Como una ligera corriente, me acerqué a él. Un ser joven, físicamente maltrecho, hermoso y desolado.

- ¿Habéis hecho algo mal, hijo mío?
- He matado – contestó impasible, inconsolable – He violado y destajado.
- ¿Queréis la redención?
- Sí.

Mi abrazo lo reconfortó. Mi abrazo fue el perdón que su alma anhelante, absorbió cual luz se le presentaba ante sus azulinos ojos. Hinqué mis colmillos y bebí, absorbí su ser, su intelecto casi sobrenatural que era apuñalado por los propios valores de su vida, por sus propias creencias religiosas. Ingerí hasta que sólo un hilo de su respiración nos separara, despiadadamente cruel, despiadadamente dolorosa y férrea. Su sangre me llenó de un nuevo calor, de un nuevo aliento. Pero su cuerpo rígido ante el dolor, comenzó a desplomarse lenta, románticamente entre mis brazos. Sus labios alcanzaron a murmurar algo que no comprendí, pero que en mi mente resonaba como el dulce susurro de la nieve bajo mis pies.

«Gracias»


Marius

 
9th-Jun-2009 11:50 pm - Reminiscencia
 
Este poema, dulce y encantador, es uno de mis favoritos de este autor: John Keats. Recordé tenerlo entre un sin fin de papeles y libros apilados copiosamente en las estanterías de mi biblioteca. Lamentablemente, el polverío era bastante, pero aquello no viene al caso más que para dar a conocer hace cuánto tiempo no pasaba aquellas viejas hojas – de olor exquisito – entre mis fríos dedos, deseosos de sus roñosas páginas.
Me alegra infinitamente poder compartirlo con vosotros; disfrutad de la lectura.


 
Oda a la Melancolía.

No vayas al Leteo ni exprimas el morado
acónito buscando su vino embriagador;
no dejes que tu pálida frente sea besada
por la noche, violácea uva de Proserpina.
No hagas tu rosario con los frutos del tejo  
ni dejes que polilla o escarabajo sean
tu alma plañidera, ni que el búho nocturno
contemple los misterios de tu honda tristeza.
Pues la sombra a la sombra regresa, somnolienta,
y ahoga la vigilia angustiosa del espíritu
.  

Pero cuando el acceso de atroz melancolía
se cierna repentino, cual nube desde el cielo
que cuida de las flores combadas por el sol
y que la verde colina desdibuja en su lluvia,
enjuga tu tristeza en una rosa temprana
o en el salino arco iris de la ola marina
o en la hermosura esférica de las peonías;
o, si tu amada expresa el motivo de su enfado,
toma firme su mano, deja que en tanto truene
y contempla, constante, sus ojos sin igual.
 

Con la Belleza habita, Belleza que es mortal.
También con la alegría, cuya mano en sus labios
siempre esboza un adiós; y con el placer doliente
que en tanto la abeja liba se torna veneno.
Pues en el mismo templo del Placer, con su velo
tiene su soberano numen Melancolía,
aunque lo pueda ver sólo aquel cuya ansiosa
boca muerde la uva fatal de la alegría.
Esa alma probará su tristísimo poder
y entre sus neblinosos trofeos será expuesta.


 
 
2nd-Jun-2009 03:16 pm - Amadeo
Recorrí el camino sobre vuestras pisadas, Armand.
Recorrí aquel camino, gracias a vuestras huellas en el tormentoso invierno de Kiev.


 
Maestro, me llamasteis, con vuestra voz de niño, vuestra voz de hombre, y con mi abrazo os reconforté sobre aquel manto blanco, puro y nostálgico de la nieve bajo nuestros pies.
Figura temblorosa que sólo necesitaba la protección de su amante; ése erais entre mis brazos. Aquel niño que rescaté en su desespero, en su delirio febril de lagunas inalcanzables dentro de su mente, deliciosamente dañada y perturbada.

¿Cuántos años, Amadeo? ¿Cuántos años habíamos ansiado un rencuentro en que sólo el silencio, en nuestra complicidad, nos arropara con su más álgido abrazo?

 
Abúlico, el Invierno, como aquella distancia que habíamos creado, resguardado y confidenciado, pero que ahora se volvía exigua, y se desarmaba y degradaba cada segundo en que permanecíamos abrazados, cada segundo en que vuestros cabellos rozaban mi rostro en una caricia tierna, la cual mi desespero no dejaba contener.

Mis besos florecieron sobre vuestra piel, mi hermoso pupilo, en el crudo Invierno de Kiev.



Marius
28th-May-2009 09:20 pm - Os beso, Saciedad.
[...] Yes, I will be thy priest, and build a fane  
In some untrodden region of my mind,  
Where branchèd thoughts, new grown with pleasant pain,  
Instead of pines shall murmur in the wind:  
Far, far around shall those dark-cluster'd trees  
Fledge the wild-ridgèd mountains steep by steep;  
And there by zephyrs, streams, and birds, and bees,  
The moss-lain Dryads shall be lull'd to sleep;  
And in the midst of this wide quietness  
A rosy sanctuary will I dress  
With the wreath'd trellis of a working brain,  
With buds, and bells, and stars without a name,  
With all the gardener Fancy e'er could feign,  
Who breeding flowers, will never breed the same;  
And there shall be for thee all soft delight  
That shadowy thought can win,  
A bright torch, and a casement ope at night,  
To let the warm Love in!


Y con estas últimas líneas, cerré aquel libro que tantos recuerdos a mi mente trajo. Surqué con mis dedos la fina tapa de cuero, y esbocé un beso a sus palabras. Entorné mis ojos, cuales piedras preciosas iluminan con su brillo la oscura sombra de quien los contempla; llanos, serenos.

No hay mejor cobijo en este mundo – pensé – que el fino abrazo de la lluvia, cuando el corazón se agobia del más exquisito deseo.”

Mi mirada en el cenit de aquella habitación, logró que tranquilo me ocultara del frío deseo de la sangre. “Una noche más – me dije – una noche más en soledad, junto al fuego, junto al repicar de la lluvia sobre el suelo…”
Reparé en los detalles, en los sonidos que se expandían por la habitación; reparé en mi propio estado melancólico y en lo poco afable que me resultaban, ésta vez, las luces de las velas.

Me tomaron por sorpresa unos golpes en la puerta.
El roce de dedos humanos sobre la madera.

“No habrá abstinencia” me dije. “Una noche cual festín.”


Marius 
22nd-May-2009 03:10 am - Pandora

¿Cómo explicaros mi sentir luego de aquel encuentro?....
…Aquel encuentro, Pandora, dejó helado éste corazón que por siglos os ha añorado, pero que no sabe cómo recibiros entre sus brazos, y cobijaros con éste nuevo calor espectral que ha sido contenido desde que os desterré de vuestra mortalidad.
Si bien las palabras son burdas comparadas con mi amor por vos, no puedo dejar de buscaros en ellas; no puedo dejar de intentar incorporaros en mis letras, una y otra vez.
Y aunque os tomara por las muñecas, y aunque os obligara con un beso a doblegar vuestra voluntad, sé que nuestras palabras siempre serán, para nuestra desgracia, la maldición que selle nuestros destinos por la eternidad; no concibo que estas frases, hirientes y punzantes, sean capaces de sobrepasar lo que sentimos el uno por el otro.
Os amo, lo sabéis. Pero aún así vuestra negación a creerme es totalmente inquebrantable. ¿Cuántas veces debo decíroslo? ¿Cuántas veces debo rogar vuestro perdón?
Me mantengo estático en este escritorio, porque no puedo buscaros más allá de estas cartas que os escribo, y que leeréis, quizás, alguna noche recostada en vuestro lecho.

No lloréis, por lo más sagrado para vos en éste mundo. No derraméis lágrimas que luego no significarán nada sobre vuestras preciosas mejillas. No creo poder compensar el dolor causado, no creo poder remediar todo por cuanto habéis sufrido, pero…
¿Querríais hacerme una promesa?
Amadme más allá de esta tragedia, porque sin vos, mi tormento no cesará hasta que decida acabar con mi propia inmortalidad.


Vuestro, eternamente,



Marius.

 
16th-May-2009 03:59 pm - Una lástima
Hubo una noche en que decidí inmiscuirme entre los mortales e informarme sobre sus temas actuales. Verdaderamente, fue una sorpresa desagradable poder oír cuán decepcionados de sus circunstancias estaban:

Una conversación entre entes anónimos ) 


No generalizo, obviamente, porque sé que mis amados mortales, aquellos con los que tengo el agrado de conversar, son capaces de sobrellevar la vida de una manera distinta… pero, os ruego: No echéis vuestra vida por la borda.

Sinceramente,
Marius.

 
12th-May-2009 10:58 pm - Acceptus

A mis queridos lectores

Bienvenidos seáis, mis amados mortales, a estas Epistolae Secretae.
Éste es el inicio de lo que será una travesía por los mares de una consciencia que ha perdurado por siglos, sumida en la más hermosa, solitaria y angustiante gloria. Aquella inimaginable que sólo el regalo de la Inmortalidad es capaz de dar.
Pero no temáis, mis fieles pupilos; prometo dejaros sedientos de la sublimidad propia de las palabras.
Honrado me sentiré, por vuestra presencia en estas cartas.


Mi pluma está entintada


Y mi alma abierta para vosotros.



Marius.


 

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Quis fuit ille personatus?